Ser espectadores de una película produce en nosotros efectos similares a ver crecer a nuestros hijos. Por ejemplo los films de Hitchcock controlan el cerebro de seis de cada 10 personas. Existen empresas de marketing que recurren a estudios neurológicos para diseñar científicamente las películas que veremos en el cine. Hay claros paralelismos en el funcionamiento de nuestro cerebro cuando vemos una situación concreta en un film y experimentamos la misma situación en la vida real a pesar de que, paradójicamente, somos completamente conscientes de la diferencia.
Vamos a intentar descubrir por qué somos fans a muerte de las películas en particular, de la experiencia cinematográfica en general, y cómo todo el conjunto cambia con los nuevos avances tecnológicos.
En su ensayo corto “Por qué adoramos las películas de terror”, Stephen King hace mención implícita a un término absolutamente fundamental para entender por qué nos gusta el cine y ese término es el de la catarsis, una propiedad común a cualquier obra artística. Muchos estaran al tanto de su significado, pero no está de más recordarlo: es un proceso mental por el cual nos aliviamos tras ser objeto de una intensa experiencia emocional; es el principio de todo.
Subidón-bajón. Esto es lo que sucede en un cerebro. Imaginen lo que sucede en 300 espectadores sentados, observando al mismo tiempo el film. “Porque una característica primaria de la mente de la multitud es su susceptibilidad al contagio emocional”, apuntaba a su vez el crítico estadounidense Clayton Hamilton. “Las risas, las lágrimas, el entusiasmo, las emociones humanas básicas sacuden a la audiencia entera, porque cada persona de la multitud se siente rodeada por gente que está experimentando esas emociones como suyas propias”.
Para que exista una catarsis masiva es necesario que exista cierto consenso emocional entre los espectadores. Es digamos, lo basico, pero sólo recientemente se ha descubierto a) cómo se conforma el sentimiento de comunidad entre los espectadores, b) por qué nos gusta ir al cine y sobre todo, c) por qué queremos ver películas: porque independientemente de que pasemos miedo, nos riamos o nos dé asco la peli, el caso es que nos provoca (siempre en el caso estándar) una respuesta emocional satisfactoria…
El film es una experiencia más o menos única en el cerebro de cada espectador. Se suele decir que “todas las películas manipulan” y, según los estudios, esta frase es cierta. El problema pasa por descubrir cómo lo hacen, exactamente. Fundamental: cuando somos espectadores de un film, nuestras opciones cognitivas están limitadas. Dicho de otra forma: determinadas zonas de nuestro cerebro actúan de modo diferente dependiendo de si vemos una película o somos testigos de la vida real. Sí, sentimos empatía, pero conocemos la diferencia entre realidad y ficción. Sabemos cuándo vemos una película, y ni aún así somos libres.
Esto se debe al sencillo hecho de que un film es una obra estructurada: nos dice dónde mirar, nos dice qué pensar, nos sugiere, en mayor o menor medida, como reaccionar ante las imágenes que vemos en pantalla. Un experimento del departamento de Ciencias Neuronales de la Universidad de Nueva York lo ratifica. En las conclusiones del estudio, se demuestra que las zonas cerebrales operativas en los espectadores de El Bueno, El Feo y el Malo no son las mismas que en los que ven un plano fijo de diez minutos tomado en un punto al azar, y sin ninguna intención narrativa alguna, durante un día de verano en un parque de Nueva York. Es más: las primeras no sólo son más densas, sino que además se repiten con más asiduidad, son más comunes. Buena parte de los espectadores siguen, con un razonable grado de exactitud, las “órdenes” del film.
Sergio Leone (Director, productor y guionista de cine italiano), consigue que un 45 por ciento de los espectadores perciban lo mismo –es decir “manipula con éxito” a casi la mitad de su audiencia– un porcentaje que no está nada mal si lo comparamos con aquellos que vieron, durante el experimento, un capítulo de El Show de Larry David (18%). Pero cuando les ponen un capítulo de Alfred Hitchcock (Bang, You’re Dead, 1961), la proporción se dispara: el Maestro ejerce un control total sobre el 65 por ciento de los espectadores.
“El hecho de que Hitchcock fuera capaz de orquestar las respuestas de tantas regiones cerebrales, que pudiera encenderlas y apagarlas al mismo tiempo en un porcentaje tan alto de la audiencia, nos aporta pruebas neurocientíficas de su notoria capacidad para controlar y manipular las mentes de los espectadores”, afirma el estudio.
El futuro del neurocine:
El estudio de la UNYC propone una nueva forma de examinar las películas “que en modo alguno puede reemplazar” a los análisis cinematográficos tradicionales. Pero sí propone una alternativa de estudio que, sin embargo, todavía está dando sus primeros pasos. Las técnicas empleadas –como la colocación de sensores para seguir el movimiento de la mirada– “son iluminadoras, pero insuficientes todavía para determinar la cantidad exacta de control que una película ejerce sobre las respuestas emocionales y cognitivas del espectador”.
Pero eso no quiere decir que los grandes estudios no estén comenzando a tener en cuenta los avances en el campo de lo que están dando en llamar la “Neurocinemática”. Montaje de trailers, elección de reparto, pruebas de guión o incluso la adopción de determinados acentos (si, suena muy WTF?) por parte de los protagonistas, son factores a tener en cuenta por diversas compañías de marketing para optimizar el rendimiento del film. En este vídeo que adjunto el director de la compañía de “neuromarketing”, MindSign, comentando las bondades de su iniciativa (antes de invitar al presentador, quien es claustrofóbico, a hacerse un escáner, con incómodos resultados).
“Examinamos la reacción del cerebro a varios tráilers de películas y vemos qué zonas se activan, y cuándo. Eso nos dice qué partes de la película son más atractivas para el público”, explica Devin Hubbard (Director de MindSign).
Bueno, aqui termina mi resumen (Gracias a la aburrida semana santa). Hoy en día, los estudios sobre el comportamiento de nuestro cerebro durante las películas siguen estando en pañales, pero cuentan con más de 2000 años de trasfondo y decenas de miles de estudios, desde la Poética de Aristóteles (para mi, una de las mas estudiadas) hasta el Natya Shastra (darle click para mas info) de Bharata Muni. Todos ellos intentan dilucidar por qué nos atraen las historias y qué mecanismos emocionales y cognitivos satisfacemos.
Espero que haya sido de su agrado, esto fue algo que hace tiempo habia estudiado un poco y queria compartirlo.



Por alguna razón creo reconocer este blog, creo ya haberlo visitado. La entrada es bastante sustanciosa y por su actuación merece 7 chocolaticos. Saludos.
ResponderEliminarSi Carlos, ya habias pasado por aca, por cierto, ya sigo tu blog esta muy interesante, saludos.!
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